Los lunares son pequeñas manchas en la piel que suelen ser de color marrón o negro, y aparecen cuando las células que producen pigmento se agrupan. Aunque en su mayoría son inofensivos, algunos pueden cambiar con el tiempo y requerir atención médica.

El tamaño, la forma y el color de un lunar son características a observar. Un lunar regular es redondo o ovalado, de bordes bien definidos y de un color uniforme. Sin embargo, los lunares irregulares pueden ser signo de algo más grave, como el melanoma, un tipo de cáncer de piel.

Es importante revisar periódicamente los lunares para detectar cambios. Si uno de ellos empieza a crecer, cambiar de color o sangrar, es recomendable acudir a un dermatólogo para un examen más detallado. Detectar a tiempo posibles alteraciones puede ser crucial para un tratamiento exitoso.

Además de la revisión médica, es fundamental proteger la piel del sol. El uso de protector solar y evitar la exposición excesiva reduce el riesgo de que los lunares se conviertan en algo preocupante. La prevención es clave para cuidar la salud de la piel.