Comer más liviano no significa sacrificar el sabor, sino elegir alimentos más fáciles de digerir y menos pesados para el cuerpo. Incluir más frutas, verduras frescas, legumbres y granos integrales en las comidas diarias es una excelente manera de reducir la carga calórica sin perder nutrientes. Además, optar por porciones más pequeñas y evitar alimentos procesados o altos en grasas saturadas ayuda a mejorar la digestión y a mantener una sensación de ligereza. Evitar las comidas muy abundantes, especialmente por la noche, también puede prevenir la sensación de pesadez y mejorar la calidad del sueño.

Una clave fundamental para comer más liviano es escuchar las señales del cuerpo y comer conscientemente. Al enfocarse en masticar bien los alimentos y evitar comer en exceso, el cuerpo puede procesar la comida de manera más eficiente. Limitar los azúcares refinados y las bebidas azucaradas también es esencial para reducir la sensación de hinchazón y fatiga. Incluir proteínas magras, como pescado o pollo, junto con grasas saludables como las que se encuentran en el aguacate o frutos secos, proporciona energía sostenida sin sobrecargar el sistema. Con estos simples cambios, se puede disfrutar de una dieta más ligera, equilibrada y llena de energía.