El cambio climático ya no es un problema del futuro: sus efectos se sienten hoy en la vida cotidiana. Fenómenos extremos, cambios en los patrones de lluvia y aumentos de temperatura afectan no solo al medio ambiente, sino también a la salud, la economía y la seguridad alimentaria.
Uno de los impactos más visibles es el aumento de olas de calor. Ciudades que antes tenían veranos templados ahora enfrentan temperaturas récord, lo que genera riesgos para la salud, especialmente en niños, adultos mayores y personas con enfermedades crónicas.
También se observan cambios en la frecuencia e intensidad de las lluvias. Inundaciones en zonas urbanas y sequías prolongadas en zonas rurales afectan la producción agrícola y la disponibilidad de agua potable, encareciendo los alimentos y generando pérdida de cultivos.
Además, el cambio climático influye en la propagación de enfermedades. El aumento de la temperatura favorece la expansión de mosquitos transmisores de dengue, zika y chikungunya, lo que pone en riesgo a millones de personas.
La biodiversidad también está en peligro. Muchas especies animales y vegetales están perdiendo su hábitat natural debido a los cambios de temperatura y la deforestación, lo que altera ecosistemas enteros y reduce la resiliencia del planeta.
Ante esta realidad, adoptar hábitos sostenibles es urgente. Reducir el consumo energético, reciclar, elegir medios de transporte menos contaminantes y apoyar políticas ambientales son formas de contribuir desde lo individual a una solución colectiva.





