Soñar es una experiencia universal. Todas las personas, en mayor o menor medida, tienen sueños al dormir. Algunos los recuerdan con claridad, otros no tanto, pero lo cierto es que soñar es parte del funcionamiento normal del cerebro.
Desde hace siglos, los sueños fueron interpretados como mensajes del inconsciente, como creía Freud, o incluso como señales divinas en culturas antiguas. Pero la ciencia moderna aún no logra ponerse de acuerdo sobre por qué soñamos.
Una teoría dice que los sueños nos ayudan a procesar emociones y recuerdos, como si el cerebro estuviera haciendo “limpieza nocturna”. Otras teorías sugieren que es una forma de simular situaciones para estar mejor preparados ante los desafíos de la vida.
Lo curioso es que, aunque los sueños parecen tener lógica interna, muchas veces son caóticos, absurdos y mezclan elementos sin sentido. Esto puede deberse a la forma en que el cerebro combina información mientras está desconectado del mundo exterior.
Además, hay tipos de sueños particulares, como los lúcidos (cuando sabemos que estamos soñando) o los recurrentes (que se repiten con frecuencia). Algunos científicos investigan cómo controlar los sueños, con potencial para tratar fobias o traumas.
Aunque seguimos sin una respuesta definitiva, los sueños siguen fascinando por su misterio. Quizás lo más interesante es que, aunque no sepamos exactamente por qué soñamos, todos compartimos esa experiencia casi mágica cada noche.





