El sector agropecuario continúa consolidándose como el principal generador de divisas para la economía argentina, en un contexto de escasez de dólares y dificultades macroeconómicas. Según datos de la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, durante el primer semestre de 2025, el complejo agroexportador representó más del 62% del total de exportaciones del país. Soja, maíz, trigo, carne vacuna y productos derivados siguen siendo las principales fuentes de ingreso de divisas genuinas, a pesar de los vaivenes internacionales y las trabas internas.
Tras una campaña 2022/2023 golpeada por la sequía, la actual cosecha mostró una fuerte recuperación, especialmente en maíz y soja. La Bolsa de Comercio de Rosario estima una producción de 50 millones de toneladas de soja y más de 56 millones de maíz. Esta mejora no solo incrementó el volumen disponible para exportar, sino que reactivó la logística portuaria, el transporte y la cadena industrial asociada al agro. No obstante, la caída en los precios internacionales de los granos limitó el ingreso total de divisas respecto de años anteriores.
El esquema del “dólar blend”, que permite a los exportadores liquidar el 80% al tipo de cambio oficial y el 20% en el contado con liquidación (CCL), fue una medida clave para acelerar la liquidación del agro en los últimos meses. Aunque el Gobierno lo presenta como un incentivo, algunas entidades rurales consideran que sigue siendo insuficiente frente a la presión fiscal y la brecha cambiaria. Aún con este esquema, el campo afronta retenciones del 33% para la soja y del 12% para el maíz y el trigo, lo que afecta la competitividad internacional.
Los principales destinos de las exportaciones agropecuarias argentinas siguen siendo China, Brasil, la Unión Europea, Vietnam y otros países asiáticos. La carne vacuna, pese a ciertas restricciones sanitarias y cuotas, mantiene una demanda estable, con un crecimiento en los envíos de cortes congelados y procesados. En paralelo, las economías regionales comienzan a recuperar terreno: el vino, las peras, las manzanas y los cítricos registraron aumentos interanuales en volumen exportado, aunque enfrentan problemas logísticos y de rentabilidad.
El agro no solo aporta divisas, sino también empleo e inversión en el interior productivo. Se estima que uno de cada tres dólares exportados proviene directa o indirectamente de esta actividad. Sin embargo, los productores reclaman una mayor previsibilidad jurídica y fiscal, además de mejoras en infraestructura y acceso al crédito. La falta de rutas adecuadas, trenes de carga modernizados y conectividad rural sigue siendo una barrera para muchas regiones con alto potencial exportador.
El Gobierno ve en el campo una pieza clave para sostener el superávit comercial y fortalecer las reservas del Banco Central. A la vez, busca mejorar la competitividad con acuerdos comerciales y misiones oficiales a mercados estratégicos. Pero el crecimiento sostenido de las exportaciones agropecuarias dependerá también de factores climáticos, de la estabilidad cambiaria y de una estrategia nacional que no vea al agro solo como fuente de recursos fiscales, sino como sector estratégico para el desarrollo económico.
En un escenario global cada vez más competitivo, el campo argentino demuestra resiliencia y capacidad de adaptación. Aun con obstáculos internos y volatilidad externa, sigue siendo el gran sostén de la balanza comercial. El desafío será aprovechar ese potencial para diversificar la oferta exportable, agregar valor en origen y consolidar una inserción internacional inteligente. Porque si bien el agro sostiene la economía, necesita políticas que lo acompañen.





