La energía geotérmica es una fuente renovable que aprovecha el calor interno de la Tierra para generar electricidad y calefacción. Este recurso natural es limpio, sostenible y disponible todo el año, lo que lo convierte en una alternativa interesante frente a los combustibles fósiles.

En países como Islandia, más del 25% de su energía proviene de fuentes geotérmicas. Esto ha permitido reducir considerablemente sus emisiones de carbono, posicionándolos como líderes en energías renovables.

El proceso consiste en perforar la tierra hasta alcanzar depósitos de agua caliente o vapor, que luego se utilizan para mover turbinas y generar electricidad. Después, el agua se vuelve a inyectar al subsuelo, cerrando el ciclo sin contaminar.

Uno de los principales beneficios de esta energía es su baja huella ambiental. A diferencia de la energía solar o eólica, no depende de las condiciones climáticas y puede proveer electricidad de manera constante.

Sin embargo, su desarrollo requiere inversiones iniciales altas y estudios geológicos complejos. No todos los lugares del planeta tienen las condiciones adecuadas para su explotación comercial.

A pesar de estos retos, la energía geotérmica se perfila como una pieza clave en la transición energética global. A medida que la tecnología avance, su uso será cada vez más común y accesible.