La cultura del café está cambiando. Atrás quedó la costumbre de tomar café solo por rutina: ahora se busca sabor, origen y calidad. El café de especialidad se abre camino en todo el país y ya tiene una comunidad fiel que crece día a día.

Este tipo de café se distingue por la trazabilidad del grano, su tueste preciso y un enfoque artesanal en la preparación. Baristas capacitados, métodos como el V60 o el chemex, y cafés con perfiles frutales o florales son parte de esta nueva experiencia.

En Buenos Aires, barrios como Palermo, Villa Crespo y Chacarita concentran cafeterías que ofrecen granos de Colombia, Etiopía, Brasil o Perú. Algunas incluso tuestan su propio café y explican al cliente el perfil sensorial de cada variedad.

El fenómeno no se limita a la capital: Córdoba, Rosario, Mendoza y otras ciudades también suman espacios dedicados a esta bebida con alma gourmet. En muchos casos, el café de especialidad se combina con pastelería casera o propuestas veganas.

Los consumidores valoran no solo el sabor, sino también el aspecto ético y sustentable. Muchas marcas priorizan relaciones directas con productores y procesos de cultivo responsables con el ambiente.

El café dejó de ser solo un combustible para la jornada laboral: se transformó en una experiencia sensorial, consciente y con historia.