En 2025, el sistema de salud argentino enfrenta un escenario complejo marcado por la creciente demanda de servicios, la fragmentación estructural y las dificultades financieras. Según datos del Ministerio de Salud, el país cuenta con más de 6.000 establecimientos públicos y alrededor de 1.500 privados, lo que configura una red amplia pero desigual en términos de cobertura y calidad. La coexistencia de tres subsistemas —público, obras sociales y medicina prepaga— genera superposición de funciones y dificultades para la coordinación, afectando la eficiencia y equidad en la atención.

Uno de los principales desafíos es el acceso equitativo a la salud. En zonas urbanas, la cobertura médica alcanza a más del 90% de la población, mientras que en regiones rurales y provincias del norte ese porcentaje desciende al 65%, según datos de la Organización Panamericana de la Salud (OPS). Esta brecha se refleja en la disponibilidad de profesionales, insumos y tecnología. Por ejemplo, en la Ciudad de Buenos Aires hay 7 médicos cada 1.000 habitantes, mientras que en algunas provincias del NOA y NEA el promedio baja a 2,5. Estas desigualdades impactan directamente en los indicadores de salud pública.

La situación epidemiológica del país también presenta retos importantes. En los primeros nueve meses de 2025 se registraron más de 180.000 casos de dengue, una cifra récord que supera en un 40% los registros del año anterior, según el Boletín Epidemiológico Nacional. Además, enfermedades crónicas no transmisibles como la diabetes, la hipertensión y las afecciones cardiovasculares continúan siendo las principales causas de muerte. Estos problemas requieren políticas sostenidas de prevención y promoción de hábitos saludables, que actualmente se ven limitadas por falta de recursos y campañas masivas de concientización.

El financiamiento es otro punto crítico. Actualmente, Argentina destina aproximadamente el 9% de su PBI a la salud, un nivel comparable con el promedio regional. Sin embargo, la inflación y la suba de costos médicos erosionan el poder de compra de los presupuestos públicos y privados. Hospitales y clínicas enfrentan dificultades para adquirir medicamentos, equipos y pagar salarios competitivos. Según la Confederación Médica de la República Argentina (COMRA), en el último año se registró un aumento del 25% en la migración de profesionales hacia el exterior, especialmente a países vecinos como Chile y Uruguay, en busca de mejores condiciones laborales.

La digitalización y la telemedicina han emergido como herramientas clave para mejorar la cobertura y eficiencia del sistema. Durante 2025, más de 2,8 millones de consultas médicas se realizaron a través de plataformas virtuales, un 30% más que en 2024. Esta modalidad permite acercar la atención a comunidades rurales y reducir la saturación de hospitales urbanos. Sin embargo, la falta de conectividad en ciertas zonas y la necesidad de capacitar al personal médico limitan la expansión de estos servicios. Los expertos señalan que la tecnología debe complementarse con políticas integrales de formación y acceso equitativo.

De cara al futuro, la salud pública en Argentina requiere una estrategia coordinada que integre los tres subsistemas y priorice la prevención, la equidad y la innovación. Esto implica fortalecer la atención primaria, garantizar la provisión de medicamentos esenciales, invertir en infraestructura hospitalaria y mejorar la distribución territorial de profesionales. Si el país logra avanzar en estos aspectos, no solo podrá responder mejor a emergencias sanitarias, sino también construir un sistema más sólido y resiliente, capaz de asegurar el derecho a la salud para toda la población.