La Patagonia argentina avanza hacia un modelo energético más sostenible. En Neuquén, Río Negro y Chubut se multiplican los proyectos de energía eólica y solar que buscan diversificar la matriz dominada históricamente por el gas y el petróleo. Este cambio no solo responde a compromisos ambientales, sino también a una nueva lógica económica global.

El parque eólico de Picún Leufú y los desarrollos solares de Zapala son ejemplos concretos de una transición que genera empleo y reduce la huella de carbono. Empresas locales y cooperativas energéticas ya participan en proyectos de distribución inteligente y almacenamiento.

Sin embargo, la transición no está exenta de desafíos. Falta infraestructura eléctrica, inversión sostenida y políticas públicas que acompañen la reconversión laboral. Los trabajadores del petróleo —pieza clave en el tejido social neuquino— deben ser incluidos en este proceso para evitar resistencias y desigualdades.

Expertos señalan que la Patagonia tiene condiciones excepcionales: vientos constantes, irradiación solar y disponibilidad territorial. Si se aprovecha correctamente, puede convertirse en una región exportadora de energía limpia.

Más allá de los debates técnicos, el desafío es cultural: pasar de una economía extractiva a una productiva y sostenible. El futuro energético del sur ya no es una promesa; es un proceso en marcha que requiere visión, coordinación y justicia ambiental.