El silencio se ha vuelto un recurso escaso. Vivimos rodeados de sonidos, opiniones y estímulos constantes que llenan cada espacio vacío.

Estar en silencio puede resultar incómodo porque nos enfrenta a nuestros propios pensamientos. Por eso, muchas personas lo evitan activamente.

Sin embargo, el silencio favorece la concentración y la creatividad. Muchas ideas surgen cuando la mente tiene espacio para divagar.

También es una herramienta poderosa para la comunicación. Callar en el momento adecuado puede decir más que muchas palabras.

Recuperar momentos de silencio no implica aislarse del mundo, sino reconectar con uno mismo.